Es uno de los platos más típicos de nuestra gastronomía. Reconocido mundialmente hasta el punto de que, aunque parezca increíble, hay un día internacional de la tortilla de patata. Como lo oís. Es el 9 de marzo, así que si no lo habéis celebrado y queréis hacerlo tenéis dos opciones. O no pedís una deliciosa tortilla y os la enviamos a vuestro restaurante, o seguís leyendo y os contamos el secreto para preparar la tortilla perfecta.

 

Sin entrar en la disputa ancestral de si la tortilla debe llevar cebolla o no (eso lo dejamos a gusto del consumidor o en este caso del chef) todos tenemos claro que solo hacen falta cuatro ingredientes para elaborar esta maravilla de la gastronomía española, patatas, huevos, sal y aceite de oliva.

Pero aun así la cosa no es tan fácil como parece.

 

¿Cuántas veces habéis intentado hacer una tortilla de patatas y no os ha salido? Y no solo porque sea difícil darle la vuelta. Es que la cosa tiene miga y vamos a ver qué es lo que tenemos que hacer.

 

Los ingredientes son la clave

 

Obviamente sin los ingredientes precisos sería imposible realizar nuestra tortilla. Pero no basta con unos huevos o una patatas cualquiera.

 

Seleccionar una buena patata nueva para freír del tipo de la Kennebec por ejemplo, que no suelten mucho agua, son perfectas para que el resultado sea el deseado. En el momento de freír las patatas es aconsejable incorporar la sal y así no tendremos que añadirla después cuando las mezclemos con el huevo.

 

En cuanto al punto de fritura hay opiniones y gustos diversos. El ideal es freírlas lentamente hasta que queden ligeramente doraditas pero tiernas, de manera que empapen bien el huevo.

 

Y hablado del huevo, escoged siempre el de mejor calidad que podamos encontrar y si son de granja, mejor que mejor.

 

Un truquillo para que os quede perfecta la tortilla es, una vez frita la patata y bien escurrida de aceite, mezclarla con el huevo batido y dejar en reposo unos minutos (que se junten bien los dos ingredientes y la patata se empape a tope con el huevo)

 

Por último cogemos una sartén antiadherente, ponemos un poco de aceite en ella y cuajamos ahí la tortilla hasta el punto que nos guste (más o menos hecha)